Los niños de la esclavitud (publicado en Agencia Pelota de Trapo)

Por Claudia Rafael

(APe).- Fuego, humo, asfixia. Esta vez fueron dos niños de 7 y 10 años los devorados por las llamas en el sótano de la casona de Páez 2796, casi Condarco, en Flores. Enrejada y con puertas tapiadas. Dormían aún, a media mañana, cuando se desató un incendio en el taller textil en el que vivían con sus padres: Amparo Menchaca y Julián Rojas, que siguen internados en el Hospital Alvarez con quemaduras. La utopía con la que llegaron desde Bolivia se extinguió velozmente. Como nueve años atrás ocurrió también para Juana Vilca Quispe, de 25 años, embarazada; Elías Carbajal Quispe, de 10; Rodrigo Quispe Carbajal, de 4; Harry Rodríguez Palma, de 3; Wilfredo Quispe Mendoza, de 15, y Luis Quispe, de 4 años, en la fábrica textil de Luis Viale al 1269.

Son unas 25 cuadras las que hay entre uno y otro taller. Pero la densidad y la brutalidad del fuego fue exactamente la misma. La crueldad con que oprime, desde sus duros zarpazos el sistema que tributa al capital, trasciende los tiempos. Puede modificarse en sus números, en las particularidades de sus efectos, pero padece de la misma y oprobiosa intensidad.

El taller del barrio porteño de Caballito estaba habilitado desde 2001 para cinco personas y como lugar de trabajo. Aunque vivían unas 65 y trabajaban allí 25. “Esa tarde había pocos chicos, porque la mayoría estaba en el colegio. Pudo haber sido una desgracia mayor. Los padres de Harry estaban en la planta baja con Kevin, el otro hijo del matrimonio. No pudieron subir por la escalera y tampoco pudieron entrar por las ventanas del primer piso porque estaban enrejadas”, decía un sobreviviente nueve años atrás. Aquel incendio dejó al desnudo que la clandestinidad de la industria textil que mueve más de 700 millones de dólares al año sólo entre la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Conurbano requiere de reducir a la esclavitud para rendir. Doce, catorce y dieciséis horas diarias de trabajo, hacinamiento, salarios ínfimos, enfermedades evitables.

En mayo de 2008, un informe publicado en el diario La Nación, revelaba que “en febrero último, dos popes de la industria textil, Ignacio de Mendiguren (Cámara de la Indumentaria) y Víctor Benyacar (Cámara Argentina de Indumentaria de Bebes y Niños), reconocieron que el 78% de la industria textil está en negro”. Clarín, en tanto, publicó en octubre de 2011 que “el 78% de la ropa que se produce en el país se hace con trabajadores fuera del sistema legal. Se lo reveló José Ignacio de Mendiguren, hoy titular de la UIA, cuando era vicepresidente de la Cámara Argentina de la Indumentaria, al entonces ministro de Economía Martín Lousteau, en febrero de 2008. Es decir, entre 150.000 y 200.000 trabajadores. La Defensoría del Pueblo estimó en 12 mil los talleres clandestinos en todo el país y por lo menos 3.500 en la Capital Federal”.

En la vieja casona de Páez 2796, del barrio de Flores, la puerta de ingreso estaba tabicada. La causa penal está caratulada como “incendio seguido de muerte” por el simple hecho de que no existe en ningún Código una figura que exponga para este tipo de muertes una calificación profunda, que vaya a la médula de la perversidad, que defina claramente que se trata de crímenes evitables. Que si murieron dos niños ahora y varios más hace nueve años es porque hay un Estado que consiente. Que pacta. Porque “clandestino” significa “oculto, secreto” y la existencia de este tipo de talleres que prolongan el viejo sistema de la cama caliente es un secreto a voces: obreros esclavizados descansan rotativamente en una cama mientras sus compañeros de infortunio trabajan. Se reemplaza así a la vieja estructura en la que las grandes marcas tenían talleres propios de producción.

Lily Whitesell retrata en “Y aquellos que partieron: retratos del éxodo boliviano” historias como las de Simona Velásquez: “Sus horas de trabajo empezaban a las 8 am y no terminaban hasta la 1 am, siete días a la semana. Al final del día ella y sus seis hijos dormían en un cuarto ubicado atrás de la fábrica, que compartían con otros obreros. Los dedos de Simona se deformaron por el reumatismo y sus hijos empezaron a toser incesantemente por el aire pesado de la fábrica. Cuando se quejó de ello, su jefe le dijo: “No has venido a enfermarte, has venido a trabajar,” y la amenazaron con devolverla a Bolivia. Poco después de que dejó la fábrica, el mayor de sus hijos pasó de su severa tos a la tuberculosis. Nunca se recuperó. A pesar del tratamiento, murió semanas más tarde”.

Kosiuko, Cheeky (casualmente de la familia política de Mauricio Macri), Portsaid, Zara, Ayres y Cara y Cruz han sido denunciadas, investigadas, condenadas. Pero no hay cambios sustanciales. Porque en los márgenes se sigue viviendo y muriendo de la manera más cruel. Los talleristas muertos en un incendio, asfixiados o incinerados, son velozmente reemplazados en una nueva sede del taller que no es nunca clandestino porque se sabe cómo, dónde y para quién trabaja. Porque existen procesos financieros y de mercado que tienen más importancia que la vida humana en estos tiempos en que la gran utopía de los poderosos tiene sonido metálico en los bolsillos.

Los ritmos propios de las grandes marcas imponen tendencia, definen rumbos, tienen la responsabilidad política y social por la existencia de los talleres, pactan con un Estado connivente y cómplice hecho por ellos, para ellos y a su medida. Y esos dos niños de Páez al 2700 fueron la pieza de recambio como hace nueve años los seis de Luis Viale al 1200. Todos ahogados en émulos de un Cromañón que las mayorías olvidarán con celeridad a la hora de calzarse un nuevo jean o una nueva camisa que tenga la etiqueta perfectamente colocada.

Esta vez fue Mauricio Macri, que danzaba furiosa y triunfalmente (junto a Juliana Awada, su esposa y dueña de Cheeky) sobre las tablas del mega complejo Costa Salguero junto a su delfín, Rodríguez Larreta. El mismo que tras la muerte de los dos nenes en Páez al 2700 decía que “lamentablemente, sin una orden de allanamiento emitida por un juez, el gobierno porteño no puede ingresar por la fuerza en este tipo de inmuebles, que desde afuera parecen casas particulares. El inspector golpea y, si nadie le abre, nada puede hacer. Es un tema de difícil solución”.

Aníbal Ibarra, que obscenamente se sigue ofreciendo para conducir la ciudad, no puede ir tranquilo a votar sin temor a un escrache de los padres de Cromañón y hoy ni siquiera pasa la instancia de las internas. A Rodríguez Larreta, al que “si nadie le abre, nada puede hacer”, lo sigue eligiendo más de medio millón de porteños.

Las miserias humanas siguen asesinando el porvenir.

29 abril 2015 at 3:20 AM Deja un comentario

La Defensa no legitima (publicada en Pagina12 hoy)

Durante doce años, Delia Moyano sufrió agresiones de su marido. La Justicia y la policía no la protegieron. Por defenderse, lo hirió; él murió. Hoy podría ser condenada por homicidio.
Por Mariana Carbajal

Moyano no sabía que podía pedir la exclusión del hogar. Hizo denuncias, pero nunca prosperaron.

“Siempre fueron trompadas”, describió con timidez y voz entrecortada Delia Rosa Moyano. No necesitó más palabras para dar cuenta del contexto de violencia doméstica que atravesó la relación de doce años con su pareja, Jorge Cuello, con quien tuvo tres hijos. Delia, una mujer de 34 años, de condición muy humilde, del ámbito rural de Olavarría, se animó a decirlo y la escucharon los tres jueces del Tribunal Oral Criminal Nº 1 de Azul, que la juzgan por la muerte de Cuello: en la noche del 24 de agosto, la joven atinó a manotear un cuchillo de la cocina para defenderse de los golpes que le daba su marido, que la quería atar y no le daba tregua. Le dio un puntazo como última instancia, cuando sintió que su vida podía correr peligro. El hombre resultó herido, pero no fue a atenderse y a los tres días falleció, sin recurrir a una atención médica. Hoy se conocerá el veredicto. La defensa pidió su absolución porque entendió que actuó en legítima defensa. Pero la fiscalía no contempló el contexto de violencia de género y reclamó pena de prisión perpetua al acusarla del delito de homicidio agravado por el vínculo de convivencia.

Delia recurrió varias veces al destacamento policial, ubicado a unos cien metros de su rancho. Lo declararon dos efectivos de la Bonaerense de Espigas, el pueblo rural donde vive la mujer. También contaron que una noche la llevaron a dormir al hospital con sus tres hijos, que hoy tienen 9, 6 y 3 años, porque la mujer no quería volver al hogar por los golpes del hombre. Según contó, hizo denuncias y nunca prosperaron.

“Por los antecedentes de violencia de género que se ventilaron en el juicio, Delia no puede ser condenada: es imprescindible que el tribunal tome en cuenta ese contexto de malos tratos reiterados”, indicó a Página/12 Laurana Malacalza, titular del Observatorio de Violencia de Género de la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires. Ayer, el Observatorio hizo una presentación ante el tribunal donde enumera la jurisprudencia de casos similares, en los que la acusada fue absuelta, por considerar que el contexto de violencia de género es el que configura la legítima defensa. “Es muy preocupante la inacción de la Justicia en la provincia de Buenos Aires para proteger a las mujeres que denuncian violencia de género. Pero parece que funciona para investigar a las mujeres que se defienden”, señaló Malacalza.

El juicio contra Delia comenzó la semana pasada. Llegó al debate oral y público con arresto domiciliario, para poder seguir al cuidado de sus hijos y con permiso para llevarlos y buscarlos en la escuela. Pero antes estuvo detenida en la Unidad Penal 52 de Azul y sus hijos derivados al hogar Namasté.

En la primera audiencia del juicio recibió el apoyo de Fernando Wilhelm, titular de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Azul. Delia se crió en el campo, con su padre y sus hermanos, luego de que falleciera su madre, cuando ella era una niña. Con Cuello se fue a vivir a los 20 años; él tenía 48. Con el tiempo y el consumo excesivo de alcohol, el hombre desarrolló cirrosis.

Según se ventiló en el juicio, Delia hizo presentaciones, un año antes del trágico desenlace, que llegaron hasta la Comisaría de la Mujer de Olavarría. Pueden haber sido exposiciones civiles o denuncias. Ella no pudo precisarlo. No sabía que podía pedir la exclusión del hogar del golpeador. Nunca la citaron luego de recurrir a la policía en busca de ayuda. “Hice la denuncia cuando me agarró con un fierro, me golpeó toda, por todo el cuerpo, me puteaba, me pateaba, trompadas siempre”, contó. Su pareja la doblaba en edad y en peso: tenía 60 años y alrededor de cien kilos. En la zona, los vecinos sabían de las golpizas que ella sufría y del alcoholismo que potenciaba su violencia. También lo afirmó otra policía, Patria Torres, durante el juicio. “Siempre ella denunció, nunca él”, declaró y detalló que llegó a ver a Delia golpeada las veces que fue al destacamento a dar cuenta de la violencia física o a pedir que fuera a su casa un patrullero, para “calmar a Cuello”.

El defensor oficial, Martín Marcelli, pidió su absolución. Y encuadró el hecho como un caso de legítima defensa. La fiscalía pidió la pena de prisión perpetua. Hoy, está previsto que los jueces Marcelo Céspedes, Joaquín Duba y Gustavo Borghi dicten la sentencia.

15 abril 2015 at 8:33 PM Deja un comentario

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6 marzo 2015 at 8:15 AM Deja un comentario

Los qom, reclamos y diálogo

La comunidad qom de Félix Díaz se reunió con representantes del gobierno provincial para coordinar obras de infraestructura. Recibieron carpetas técnicas con información acerca de las obras y dos días después anunciaron el levantamiento.
Por Darío Aranda

Dos semanas de acampe qom en Buenos Aires y un mes de corte de ruta en Formosa, que acaba de levantarse. Es la situación de la comunidad La Primavera, que reclama el cumplimiento de los derechos indígenas, que se los consulte para realizar obras en la comunidad y exigen justicia por la represión de 2010 (en la que asesinaron al qom Roberto López). Félix Díaz afirmó que “en cuatro años no se cumplió ninguno de los acuerdos de la Mesa de Diálogo (con Nación y Provincia)”. Amnistía Internacional solicitó al Estado que proteja la integridad física de la comunidad.

La lista de reclamos incluye un relevamiento territorial (como establece la Ley Nacional 26.160, con participación de la comunidad), el reconocimiento oficial a las autoridades votadas por la comunidad (había sido uno de los compromisos asumidos por el Ministerio del Interior), justicia por la represión de 2010 y asistencia sanitaria.

El 26 de enero comenzó el corte de la Ruta Nacional 86. El motivo que aceleró la decisión fue la llegada de maquinarias y cuadrillas de obreros. El gobierno señaló que construirían viviendas. La legislación nacional e internacional obliga a los Estados a consultar y a tener el consentimiento de los pueblos indígenas por cualquier actividad que pudiera afectarlos. Félix Díaz y las autoridades de la comunidad exigieron que se cumpla el derecho a consultar a la comunidad. Afirman que las obras tienen como destino los punteros políticos y provocarán la división de la comunidad.

El 11 de febrero se vivió el momento de mayor tensión en el corte de ruta. El titular del Instituto de Pensiones Sociales, Hugo Arsenio Arrúa, trasladó en camiones a integrantes de la misma comunidad para romper el piquete. “Quieren hacernos pelear entre nosotros”, lamentó Díaz.

Amnistía Internacional explicó que el corte se debe a que “reclaman por sus derechos y las promesas incumplidas del Gobierno” y recordó la represión del 23 de noviembre de 2010: “Este hecho no puede volver a ocurrir”. AI solicitó que se cumpla la medida cautelar de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (en 2011), que obliga a proteger la integridad de los qom.

Ante la falta de respuesta, el 14 de febrero, Félix Díaz volvió a acampar en Buenos Aires. Como en 2010, se instaló en 9 de Julio y Avenida de Mayo. Mantiene la misma lista de reivindicaciones que hace cuatro años. Reclama diálogo con el Gobierno y que se cumplan los acuerdos firmados en 2011 ante la Mesa de Garantes (CELS, APDH, Amnistía y Serpaj, entre otros).

Díaz y Laureano Sanagachi (segunda autoridad qom) brindaron una conferencia de prensa en la APDH. Repasaron los hechos de violencia impunes y resaltaron que quieren las obras, pero con participación de la comunidad y sin manejos de los punteros políticos.

El defensor del Pueblo, José Gialluca, suele actuar como vocero del gobierno provincial. Arremetió contra el corte: “Es una acción planeada y creada por holgazanes con fines políticos” y acusó a Díaz de ser “autor de un delito federal”, por cortar una ruta nacional.

El 26 de febrero, el ministro de Gobierno, Jorge Abel González, y el jefe de Gabinete, Antonio Ferreyra, recibieron una delegación qom acompañada por la APDH, el Equipo Nacional de Pastoral Aborigen (Endepa) y la Defensoría del Pueblo de la Nación. Les entregaron las carpetas técnicas con información de las obras. El 28 de febrero, la comunidad qom anunció que levantaba el corte e informó que el acampe en Buenos Aires se mantiene.

5 marzo 2015 at 7:07 PM Deja un comentario

“Los Roca de hoy son las grandes estancias y las empresas transnacionales”

Osvaldo Bayer cumple 88 años. Periodista, historiador y activista. Siempre compañero de las luchas sociales y reivindicador de los pueblos originarios. El anarquismo y la democracia, el Gobierno y el peronismo, Rodolfo Walsh y los periodistas de hoy, el genocidio indígena y el silencio de los organismos de derechos humanos, el pasado y el futuro soñado.

Por Darío Aranda
Para ComAmbiental

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Camina el país, escribe sobre injusticias y resistencias, acompaña con su pluma a los que luchan. Periodista, historiador, documentalista, anarquista y militante de los derechos humanos. Crítico del poder económico y político, compañero de generación y oficio de Rodolfo Walsh, Paco Urondo y Haroldo Conti. Le duele tanto el genocidio de la última dictadura como el que padecieron los pueblos indígenas. Ni oficialista ni opositor, Osvaldo Bayer, autor del histórico libro “La Patagonia Rebelde”, no le escapa a ningún tema: los organismos de derechos humanos y su silencio ante el padecer indígena, el Gobierno con sus aciertos y errores, el periodismo actual y los caminos posibles, el peronismo, Montoneros, la democracia incompleta y la falsa opción de votar cada dos años.

Su austero departamento en el barrio de Belgrano sobresale desde lejos. Un colorido mural sobre pueblos indígenas en el frente de la casa. Un cartel fileteado en la puerta de entrada avisa “El Tugurio” (nombre propuesto por el también periodista y escritor Osvaldo Soriano). Un pasillo largo, repleto de libros y cuadros. Un pequeño jardín interno, plantas, algún rayo de sol se cuela, y columnas de más libros y diarios.

La tos lo tiene a maltraer. El teléfono no deja de sonar. Atiende. Mira un cuaderno que hace de agenda. Lo invitan a un viaje al sur. Se excusa. Explica que el médico lo instó a dejar las recorridas largas. Le cuentan que se trata del cambio de nombre de una escuela, sacarán el nombre de Roca. Duda unos segundos. Confirma que hará el viaje.

Osvaldo Bayer, nacido en Santa Fe, cumple hoy 88 años.

Kirchnerismo, peronismo y América Latina

-¿Qué opina del Gobierno?
-Es lo mejor de lo peor. Pero realmente para una verdadera democracia falta mucho. Hay niños con hambre y hay villas. No pueden decir que vivimos en democracia.

-¿Cuáles son las acciones del kirchnerismo que reivindica?
-No soy kirchenerista, soy sólo un analista de la realidad, y reconozco que este Gobierno fue capaz de juzgar a militares y mandarlos a una cárcel común. He pasado trece dictaduras. Y siempre los dictadores murieron en sus residencias y cobrando sueldos de generales. Es la primera vez que veo que los dictadores mueren en cárcel común. Lo reconozco como una acción que impulsó el Gobierno, pero no quiere decir que está todo bien. Los pobres siguen igual de jodidos que antes.

-El Peronismo siempre tuvo como bandera la lucha contra la pobreza.
-El peronismo es cambiar algo para no modificar absolutamente nada. Seguimos con el mismo sistema. Los dejan a los pobres de lado. Nunca hubo una distribución justa de la tierra ni de la riqueza. Sí modificó leyes obreras, mejoró la situación de los trabajadores, pero siguió un sistema de clases injusto, con clases altas, medias y luego muchos pobres.

-Muchos gobiernos de América Latina tienen discursos progresistas o de izquierda, pero acentuaron el extractivismo, la minería, la soja, el petróleo. ¿Es una contradicción?
-Lo principal tiene que ser una sociedad en paz, con trabajo, sin pobreza. Y las empresas que explotan recursos naturales nunca trajeron nada de eso. Al contrario. En América Latina hay cada vez villas más grandes.

Walsh y el periodismo actual

-¿Cómo se informa?
-Compro todos los días Página 12 y Clarín. Son dos extremos e intento llegar a la mitad, al equilibrio, donde quizá hay algo de verdad.

-¿Qué opina de la Ley de Medios?
-Me alegró mucho la sanción de la ley, pero hasta ahora se hizo muy poco. Los medios de comunicación deben ser de las organizaciones sociales, que representen intereses sociales, cooperativas de periodistas. Y no de capitales extranjeros o grandes empresas nacionales como La Nación o Clarín. Se tienen que impulsar medios en manos de los trabajadores, que traten información desde distintas miradas.

-¿Cuáles son sus referentes en periodismo?
-Fui compañero de muchos grandes referentes. Paco Urondo, Haroldo Conti, Walsh. Somos de la misma generación. Hicimos cosas para que la prensa sea de cooperativas de periodistas, con ideologías distintas. Por eso luchamos mucho y no lo logramos. Las pocas cooperativas de periodistas de nuestra época tuvieron poca vida, pero ese es un camino que hay que seguir intentando.

-A Walsh usted lo describe como “el escritor sin medallas”. ¿Por qué?
-Nunca se le dio un premio en vida. Walsh sí que era un periodista de línea independiente, escribía sobre lo que sentía, fue un mártir de la libertad de prensa. Siempre se manejó con libertad, no perteneció a partidos políticos… entró en Montoneros, para mí una equivocación. Pensó que se iba a llegar a la revolución. La última vez que lo vi le dije que me sorprendía que “vos que siempre fuiste marxista te hayas hecho peronista”. Me respondió: “No te equivoques. Sigo siendo marxista, pero el pueblo es peronista”. Le dije que el pueblo era peronista, pero no los iba a acompañar. Él tenía confianza en que el pueblo seguiría a Montoneros en la revolución.

-En la actualidad muchos reivindican a Rodolfo Walsh, pero al mismo tiempo pueden ser condescendientes con el poder económico o con el poder político.
-Intentan quedar bien. Saludan a un luchador como Walsh pero no hacen nada para seguir ese ejemplo, ni en la vida privada ni en el periodismo. Walsh siguió una línea heroica. Escribía terriblemente bien, podría haber ganado mucho dinero escribiendo libros, pero prefirió luchar junto al pueblo. Pocos siguen ese ejemplo.

Roca

-El año pasado se cumplieron 100 años de la muerte de Roca y desde muchos sectores lo reivindicaron. Usted tiene otra evaluación de Roca.
-Tuve una discusión por radio y TV con el historiador Félix Luna, sobre Roca. Hablé del genocidio con los pueblos originarios. Roca propuso el exterminio de los pueblos originarios. Un genocidio que aún no fue juzgado. Hay que llamar a un congreso de historiadores y juzgar. Félix Luna se molestó mucho. Dijo que “está bien, habrá matado algunos miles de indios, pero hizo muchas cosas, el edificio de Obras Públicas, Casa de Gobierno, muchas medidas de bien para el país”. Le dije que es lo mismo que cuando hablan mal de Hitler porque mató seis millones de judíos, pero hizo autopistas y en Alemania había pleno empleo. Es exactamente lo mismo, pero claro… eran indios… Lo que vale en la vida es la ética.

-¿Por qué se lo sigue reivindicando a Roca?
-Benefició a los poderosos. La Campaña del Desierto fue por iniciativa de la Sociedad Rural, está todo en sus propias actas. Cofinanció la Campaña del Desierto, cuatro pesos por hectárea. Después de la Campaña se repartieron 40 millones de hectáreas entre 3.800 estancieros. De ahí viene el poder. Esa acción se suele juzgar como un hecho progresista y no como una verdadera masacre de indios. Nunca se enseñó que Roca y el presidente Avellaneda restablecieron la esclavitud, que había sido abolida por la Asamblea de 1813. Eso no se puede negar. Está en todos los diarios de Buenos Aires de aquellos años. Decía en enero de 1879: “Hoy entrega de indios a toda familia de bien que lo solicite se entrega un indio varón como peón, una china como sirvienta y un chinito como mandadero”. Hasta impusieron la esclavitud de los niños.

-Pasó más de un siglo. ¿Por qué el Gobierno no habla del genocidio indígena?
-Se pondría en contra de una fracción poderosa de la Argentina. El poder económico defiende a Roca.

-Usted es uno de los impulsores de retirar las estatuas de Roca. ¿Cómo está esa campaña?
-Somos muchos los que exigimos que se retiren las estatuas de genocidas, pero los gobiernan se oponen. Macri se opone, es de derecha. En Bariloche no son del Pro pero tampoco quieren tocar a Roca. Y el gobierno nacional se calla la boca, no interviene.

-¿Por qué?
-Porque no quiere meterse en la discusión.

-¿Quiénes son los Roca de hoy?
-Los Roca de hoy son las grandes estancias y las empresas transnacionales.

Pueblos indígenas y derechos humanos

-Suele decir que los indígenas eran anarquistas. ¿Por qué?
-No tienen sentido de la propiedad. Todo es de todos. Alsina, Ministro de Defensa del presidente Avellaneda, decía que era imposible enseñarles el derecho a la propiedad. No tienen sentido de la propiedad. Toman de la naturaleza lo necesario para vivir, pero es de todos. Y no toman más de lo necesario. Los indios resolvían todo entre todos, en asamblea. Eso es anarquismo.

-¿Cómo ve hoy a los pueblos indígenas?
-Los veo mejor que décadas atrás, pero no gozan de todos los derechos constitucionales. Formosa es un claro ejemplo. Se sigue talando bosques donde ellos han vivido durante siglos, se los persigue, están en constante peligro.

-Se avanzó mucho en la denuncia de los derechos humanos violados en la última dictadura. Pero no en los derechos indígenas…
-No se avanzó en nada. No se les da valor a los pueblos originarios, no se les reconoce nada.

-¿Por qué?
-Los argentinos están acostumbrados a no reconocerles nada a los pueblos indígenas. Desde el origen de la Argentina, se los echó de todos lados, nunca se les reconoció nada. Roca pareciera un héroe para muchos argentinos, siguen creyendo que la Campaña del Desierto fue un progreso.

-¿Qué responsabilidad tiene la sociedad?
-Todos miran para otro lado. Formosa es el ejemplo. El Gobernador les quita la tierra, les hace juicios y nadie dice nada. La Corte Suprema se calla la boca, el Gobierno, la Iglesia lo mismo. Y las organizaciones de derechos humanos no intervienen porque son indígenas.

-¿Por qué cree que muchas organizaciones de derechos humanos no se involucran con la violación de derechos de pueblos indígenas?
-No hay explicación. No se entiende el silencio de muchos organismos de derechos humanos.

-¿Conoce a Félix Díaz?
-Me considero amigo de él. Tengo el mejor de los conceptos sobre Félix. Lo he visto en asambleas de su pueblo, es un ser muy querido, vive muy humildemente. No ha pactado con políticos y lucha por su pueblo. Es una gran persona.

Anarquismo y democracia

-¿Qué es ser anarquista hoy?
-Es soñar con un socialismo en libertad. Repartir las riquezas del mundo, cuidarlas para las generaciones futuras, gobernar con mayorías de asambleas, con voz y voto de todos. No es democracia un papelito en la urna cada dos años. Las grandes medidas deben ser con la participación de todos. Tener mandatarios pero no más de un año de mandato y que vuelvan a sus trabajos. Y sean reemplazados por otros.

-¿Por qué no vota?
-No tiene sentido votar. ¿A quién votamos? Se reparten el poder, acá entre radicales y peronistas. Pueden ser más conservadores o más de izquierda, pero son los mismos. Llamaría a todos a no votar.

-¿Cómo evalúa la democracia actual?
-Tenemos la libertad del papelito en la urna, pero es una sociedad con mucha injusticia. Basta ver la Villa 31 en Retiro. La falla de la democracia queda a la vista en las villas y en la pobreza. Y también los contrastes, ves Barrio Norte y parece otro mundo.

-¿Qué futuro sueña?
-Sueño con un socialismo libertario. Una sociedad sin clases ni pobreza. Ninguna dictadura, ni siquiera la del proletariado. Es un sueño… y en la vida hay que luchar para lograrlos. En eso estamos.

18 febrero 2015 at 7:08 PM Deja un comentario

Acabo de ver un accidente en Longchamps, una moto se llevó puesto a una bici. El problema es que en la moto iban cuatro personas, dos adultos y dos chicos. Por suerte no les pasó nada; por suerte.

2 en moto

11 febrero 2015 at 5:53 AM Deja un comentario

De Walter Bulacio a Ismael Sosa: 4.321 pibes asesinados el aparato represivo del estado argentino

Ismael Sosa suena a Walter Bulacio, porque era un pibe que quería ir a un recital de rock, y se topó con la policía. Y suena a Luciano Arruga, porque estuvo desaparecido, desde que se lo vio detenido, hasta que apareció su cuerpo –esta vez cinco días, no cinco años después. Suena también a un montón más de pibes apaleados y verdugueados en otros recitales, a la salida de bailantas, en canchas de fútbol o en la esquina, nomás. Suena a los 218 desaparecidos en democracia, a los 2.778 asesinados por el aparato represivo estatal desde el 25 de mayo de 2003, a los 4.321 desde diciembre de 1983. Por CORREPI.

Esta vez fue en Córdoba. Tocaba La Renga (una de las bandas más solidarias, por largos años, con la campaña de CORREPI Por Walter y Por Todos) y el chico que flotaba en el Embalse de Río Tercero se llamaba Ismael Sosa.
Pronto leeremos, como en 1991, como todas las otras veces, las “explicaciones” de la policía y de sus responsables políticos. Nos hablarán de que los pibes “se querían colar”, que había “inadaptados” y que los uniformados tuvieron que emplear “la fuerza mínima necesaria para restablecer el orden”.
En 1991, el argumento del comisario Miguel Ángel Espósito fue que los chicos “estaban aglomerados en la vía pública y bailaban”.
El comisario que hace hoy de Espósito en Villa Rumipal, Córdoba, explicará pronto a algún medio el rol de la policía: Como brazo armado del estado, dirigido por el gobierno de turno, su función es garantizar el orden establecido, y, cuando se ve amenazado, restaurarlo por medio de la fuerza. Eso se llama control social. Con “la fuerza mínima necesaria”, desde luego. Eso se llama economía de recursos.
Entre Walter e Ismael, miles de chicos fueron asesinados a golpes o con otros métodos de tortura, en la calle, en comisarías u otros lugares de detención; murieron fusilados por el gatillo fácil o desaparecieron a manos de las fuerzas de seguridad argentinas.
De vuelta: 2.778 asesinados por el aparato represivo estatal desde el 25 de mayo de 2003, y 4.321 desde diciembre de 1983. Más de doscientos desaparecidos. El 51% del total no había cumplido 25 años. Ninguno era el hijo de un empresario, de un diputado, de un banquero o de un juez. Todos eran hijos del pueblo trabajador.
Mañana CORREPI va a marchar junto a los familiares y amigos de Luciano Arruga e infinidad de organizaciones, en el sexto aniversario del asesinato y desaparición de Luciano Arruga. Será también una marcha por Ismael, y por Walter, y por los 4.321.
¡Contra la represión, organización y lucha!

2 febrero 2015 at 7:43 PM Deja un comentario

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