Archive for junio, 2015

Argentina libre de Fracking

24 junio 2015 at 7:38 PM Deja un comentario

Adolescentes en riesgo: el 40% es víctima de alguna forma de bullying

Una asociación relevó las ocho conductas más comunes del hostigamiento entre pares y sus efectos; proponen incorporar una materia sobre habilidades sociales

Por Fabiola Czubaj | LA NACION

El mundo adolescente tiene su propia violencia, a la que los adultos no parecen estar prestándole atención: 4 de cada 10 chicos de entre 13 y 16 años son víctimas del bullying y sólo reclaman que les presten atención cuando piden ayuda para que termine lo que viven como un “calvario”, de acuerdo con los resultados de un relevamiento de la Asociación Ciudades Sin Bullying.

“El problema se agrava cuando docentes y familias minimizan las actitudes de acoso por parte de los pares y cuando desde el Estado no hay una política pública específica y sostenida”, aseguran desde el equipo de investigación que lideró Guillermina Rizzo, doctora en psicología y titular de la asociación.

Coacción, hostigamiento, intimidación, amenazas, agresiones y bloqueo, exclusión y manipulación social son las principales formas que adopta el hostigamiento entre los adolescentes. En todos los casos, cuando el mundo adulto no interviene a tiempo, los daños emocionales y psicológicos de las víctimas se traducen en un problema de salud pública.

Ansiedad, estrés postraumático, baja autoestima, distimia, recuerdos y sensaciones negativos que vuelven una y otra vez, y hasta malestar físico o enfermedades son algunas de las consecuencias del acoso y de la violencia escolar.

De acuerdo con la experiencia de la asociación en distintos puntos del país, esto no se resuelve con un día de reflexión en el aula, sino con la “urgente” incorporación de una materia escolar sobre convivencia y habilidades sociales.

Aunque en el estudio participaron 1700 estudiantes secundarios de colegios de la provincia de Buenos Aires, los datos coinciden con estudios previos en otros sitios del país. “Pudimos corroborar lo que recogemos en las distintas ciudades durante los talleres sobre bullying con los chicos y los adultos. Era la percepción que teníamos”, comentó Rizzo, que empezó a estudiar esta realidad adolescente con la masacre escolar de Carmen de Patagones de 2004 y en la que un alumno disparó un arma de fuego contra sus compañeros en el aula del Instituto Nº 202 Islas Malvinas.

Allí murieron tres chicos y cinco quedaron heridos. Cuando la jueza le preguntó al adolescente de 15 años por qué estaba enojado con sus compañeros, le respondió: “Me molestan… Siempre me molestaron, desde el jardín… Desde el séptimo que pensaba hacer algo así”.

-¿Y cómo es que te molestan?

-Y… me cargan. Dicen que soy raro. Me joden porque tengo este grano en la nariz…

Este diálogo con la jueza Alicia Ramallo aparece en Juniors. La historia silenciada del autor de la primera masacre escolar de Latinoamérica, de los periodistas Miguel Braillard y Pablo Morosi. En el relevamiento de Ciudades Sin Bullying, el 39,3% de los estudiantes dijo ser víctima, justamente, de la ridiculización, las burlas, el desprecio, los apodos o las imitaciones que faltan el respeto. Esto define el hostigamiento, una de las ocho conductas del bullying.

Otra es la intimidación y el 30,6%, sobre todo mujeres, dijo padecerla a través de persecuciones, amedrentamiento o acoso a la salida de la escuela. Un 22,5% mencionó específicamente las amenazas y un 44%, la coacción para hacer algo en contra de su voluntad, que prefería no comentar por temor y vergüenza.

Un 40% convivía con el bloqueo social: sus compañeros no lo dejaban jugar en grupo ni hablar o relacionarse con otros hasta hacerlo llorar frente a los demás. El 34,2% padecía la exclusión total del grupo y un 25,6% sufría la manipulación social a través de acciones que inducían el rechazo en el grupo. Un 26% fue centro de agresiones.

En todos los casos, los victimarios cuentan con “espectadores” que presencian, festejen o no el acoso, o graban todo con el celular para subirlo a las redes sociales.
En primera persona

En la investigación aparece una historia, la de Cintia, que contó, como el resto, su experiencia.

Día 1, en el aula, durante la clase de química:

-Profe, los chicos me dicen gorda.

-Volvé a tu silla y no molestes más.

Día 2, en el aula:

-Profe, los chicos me dicen bola de grasa.

-¡Ayyy, Cintia! A ver si te dejás de quejar. Y ustedes [dirigiéndose a la clase], por qué no resuelven la fórmula.

Día 3, durante el recreo:

-Profe, no puedo ir al baño. Me amenazan con encerrarme.

-No puedo atenderte, voy a la sala de profesores. Luego hablamos.

Día 4. Cintia entra al aula del recreo con un golpe en la cabeza y, ante la pregunta, dice: “Profe, me habían avisado por el grupo de WhatsApp que me iban a pegar…”.

Durante el estudio, que incluyó una encuesta de 50 preguntas para conocer la frecuencia del hostigamiento y la detección de daños psicológicos a través de 44 afirmaciones, los adolescentes expresaron un reclamo común: que un adulto intervenga. “Siempre piden que termine el hostigamiento, que viven como un verdadero calvario”, dijo Rizzo. De hecho, un 32% de las víctimas de bullying sufría de flashbacks o “invasión de imágenes, sensaciones o recuerdos no deseados” con los que reviven el acoso durante el día o mientras duermen.

El 30,7% padecía ansiedad, el 27,5% reunía los síntomas del estrés postraumático, el 25,5% tenía signos de depresión, el 29% sufría de síntomas físicos (dolores de panza u otros malestares), el 23% tenía una imagen negativa de sí mismo y casi un 30% expresaba autodesprecio u odio hacia sí mismo, un indicador de riesgo de suicidio. “Nuestros resultados coinciden con la Organización Mundial de la Salud cuando habla de que el bullying es una epidemia del siglo XXI porque no respeta fronteras ni clases sociales”, dijo Rizzo.

Liliana Caro, profesora de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la UCA, leyó la encuesta a pedido de LA NACION: “Es interesante e invita a generar estrategias para abordar el bullying dentro y fuera de las escuelas”. Recomendó que los padres estén atentos a cambios “significativos” en sus hijos (el humor, las ganas de ir a la escuela, los malestares físicos, los hábitos alimentarios o la aparición de miedos recurrentes, entre otros). “Ninguno es un indicador de bullying en sí y pueden tener otros motivos, en particular en los adolescentes -dijo Caro-. En todo caso, es necesario generar un espacio de diálogo, no un interrogatorio, para dilucidar qué está pasando.”

En la escuela, sugirió generar espacios sobre estos temas. “Muchas lo hacen bajo el concepto de convivencia -dijo-. Los objetivos apuntan a trabajar situaciones de maltrato, aprender a ponerse en el lugar del otro, aprender a escuchar al otro. Todas conductas altamente deseables, pero no fáciles de sostener. Hay que hablar de los problemas, no de las personas, para no reproducir situaciones de acoso.”

Para el psicólogo Javier Díaz, docente y supervisor de la Institución Fernando Ulloa, el relevamiento es “un estudio importante y descriptivo que nos muestra y denuncia un síntoma social, presente desde siempre en la humanidad, pero que actualmente cobra una importancia relevante y demanda resolución”.

Y comentó: “A diario, en las consultas, vemos que los adolescentes demandan ayuda para construir y edificar cimientos que fallan desde los padres, que se posicionan desde un igual de amistad; desde las instituciones, que se muestran más permisivas, y desde una sociedad de consumo que alimenta y tapona la angustia con goces descartables que distraen, desorientan y adormecen el deseo de crecimiento”.
Un problema pendiente

Las ocho conductas a través de las que se manterializa el bullying tienen características que hay que saber reconocer

1 Hostigamiento: 39,3%.

Se manifiesta mediante el desprecio y la falta de respeto por la dignidad del adolescente. Incluye la ridiculización, la burla, el menosprecio, los apodos, la crueldad, el uso de gestos de desprecio y la imitación burlesca

2 Intimidación: 30,6%

Es más común con las mujeres.Las víctimas sufren persecución, amedrentamiento, hostigamiento físico o acoso a la salida de la escuela, que las “consumen emocionalmente”

3 Amenazas: 22,5%

La extorsión es el instrumento más utilizado en esta conducta orientada a atemorizar y hasta poner en riesgo la integridad física del chico o de su familia

4 Coacción: 44%

Se busca que la víctima actúe contra su voluntad, pero sobre todo se persigue poder social en el entorno. Las víctimas pueden sufrir hasta vejaciones, que callan por miedo o vergüenza

5 Bloqueo Social: 40%

Esta forma de acoso aísla al adolescente. Prohibirle jugar en grupo y hablar con otros o exigir que nadie se relacione con él son indicadores de un intento de quebrar la red social de apoyo del adolescente. A veces, se lo hace llorar ante sus pares para presentarlo como alguien débil, indefenso o estúpido

6 Exclusión social: 34,2%

El objetivo es aislar al adolescente de toda actividad. “Vos no” es la expresión común para segregarlo socialmente. Al “ningunearlo”, tratarlo como si no existiera e impedir que se exprese o participe en juegos, se produce el vacío en su entorno

7 Manipulación social: 25,6%

Esta conducta apunta a distorsionar la imagen social de la víctima y poner al resto en contra a través de comentarios negativos y distorsionados. Se “cargan las tintas” sobre lo que hace o dice, o hasta lo que no ha dicho ni hecho. Todo sirve para inducir el rechazo de otros, que se suman involuntariamente al “jefe” del acoso

8 Agresiones: 26,1%

Son los ataques físicos o psicológicos más directos y exigen la intervención más urgente para proteger a la víctima. Incluyen el robo o la destrucción de las pertenencias, gritos, insultos o burlas.

24 junio 2015 at 7:07 PM Deja un comentario

No fue amor (publicado en Agencia de Noticias Pelota de Trapo)

Silvana Melo

(APe).- Ese amor no fue amor. ¿Y qué hacer con ese brote inesperado que empezó a crecer en la panza? ¿Qué hacer con esa intrusión mínima en su cuerpo pequeño, aún no definitivo, en sus caderas a las que les falta ancharse, en los huesitos de su pelvis que todavía no se han bebido todo el calcio imprescindible para la fortaleza? ¿Qué hacer si fue fruto de la vulneración violenta de su cuerpo, del despertar al quiebre del cristalito de su niñez? ¿Qué hacer si ese amor no fue amor, sino una cercanía de paso para contrarrestar tanta soledad? ¿Qué hacer si fue sólo corazonada, impulso, la necesidad de ser abrazada? Un cerrar los ojos buscando quién sabe qué abrigo en otro cuerpo simple, otro, que se desabrazará al final y se irá como vino, sin conciencia de la siembra. Y sin pisar siquiera los talones del futuro, que siempre está tan pero tan adelante que nadie lo ve.

En un cálculo descafeinado, el diario sintetiza cifras del Ministerio de Salud de la Nación: cada 5 minutos una chica menor de 20 años es mamá. O bien, cada cinco minutos nace un bebé de un vientre menor de 20 años. Son unos 321 por día, 117.386 al año. Un 15% del total de los nacimientos del país.

Ese amor pocas veces es amor. Tantas veces es la conquista sangrienta de un cuerpo leve, familiar, cercano. El abuso intrafamiliar es un infierno de frecuencia feroz.

Demasiadas veces el monstruo está muy cerca, miente que protege y convence al resto de su benevolencia. 3.261 de los bebés nacen paridos por nenas de entre 10 y 14 años. Nueve chiquitas que se vuelven madres y no están preparadas física ni emocionalmente para serlo. Y el abuso suma un elemento corrosivo para el vínculo de esa niña con su niño. Que parecerá un juguete de seis de enero. Pero es una vida de intensa fragilidad, que en algún pliegue trae la esperanza. Aunque tantas veces se pierda entre mocos y pañales, sin verla se pierde en la basura, sin verla se cae en la vereda, una madrugada helada esperando turno en el hospital.

Se pone las manos en el costado, avanzando hacia el ombligo. La ausencia menstrual y esa inflamación la inquietan. Sabe que ese amor no fue amor. Que sólo busca no estar sola, que a los chicos no les gustan los preservativos, que él estaba aturdido y ella también, que no tiene pastillas ni le dan, que las pierde o se las olvida, que tiene miedo de decir que no y que la abandonen, que tiene miedo de la violencia, de cuando le bajan la persiana de la ternura y asoman los monstruos, que son esos mismos de cara amable y de amor falluto, que le viene el miedo. Que a veces hay cerveza (su consumo se triplicó entre las chicas) y hay faso y la cabeza se nubla. Y tiene miedo.

La profunda desigualdad es clave para que tantas nenas se transformen, de pronto, en responsables de la factura de otro niño del que apenas la separan once, doce, catorce años. Dos niñeces en desamparo y que, en el mejor de los casos, buscarán cuidarse entre sí y no despeñarse por el mismo abismo. Si el azar la depositó en el norte y no en la CABA, si tuvo que nacer en Orán y no en Banfield, su vida será otra. Será más pobre, más alejada de los centros de salud, más víctima de un estado retrógrado y abandonador, más desigual que los varones, más sola, más deshabitada.

Según donde haya nacido, azarosamente, en su hospital se tirarán los preservativos porque se vencen, se le negará la anticoncepción de emergencia, no se la descubrirá nena, semiadolescente, sin rumbo, embarazada o todavía no, no se la cuidará ni se la prevendrá de lo no querido, no se la educará para que pueda elegir, no se la informará de que su cuerpo es suyo, de que nadie más que ella tiene derecho sobre él, de que es dueña de decidir si quiere ser madre o no.

Según dónde haya nacido podrá acceder a la buena salud, a la anticoncepción, a la pastilla del día después, a decir que no, a pagar un aborto clandestino, aséptico y seguro, a una terapia para superarlo.

Algunas cifras de la desigualdad:

-En Misiones hubo 282 embarazos en chicas menores de 14 años, durante 2014. Muchos, dice el Ministerio de Salud provincial, fueron por abusos intrafamiliares.

-Los embarazos adolescentes son un 70% más numerosos en Misiones que en la Ciudad de Buenos Aires.

-En Neuquén el 60 % de los adolescentes dejan el secundario. La mayoría de las chicas lo hacen por maternidad.

-El 11% de las adolescentes de 16 a 17 años que son madres ya tenían otro hijo antes.

-Más de un 25% de madres adolescentes se embarazó por segunda vez dentro del primer año de haber tenido su primer hijo.

-De las adolescentes que estaban estudiando al momento de quedar embarazadas sólo 4 de cada 10 continuaron en la escuela hasta el séptimo mes.

-El 20% de madres adolescentes pensó interrumpir su embarazo cuando lo supo por primera vez.

-El 69% de madres adolescentes no planearon tener un hijo.

-El 65,5% no utilizaba un método anticonceptivo.

-En 2011 se registraron 533 egresos hospitalarios de niñas de entre 10 y 14 años internadas por complicaciones de abortos.

-Entre las madres menores de 15 años la mortalidad infantil se duplica.

Cuando se mira la panza sabe que ella no lo deseaba. Pero le falta la conciencia de que ese hijo que se le plantó en el vientre le condicionará el resto de su vida. Que probablemente ande sin padre. O con poco.

A veces siente que vendrá a acompañarla y que se cuidarán entre los dos. Tan niños. Ella le cambiará los pañales y él le enjugará los mocos.

Tantas veces ella deseará que él no hubiera estado nunca. Y otras tantas lo pondrá ante el mundo como soberbia prueba de su rebeldía.

El será una chispa transformadora. Aunque se apague en los primeros pasos.

Fuentes: Unicef – Casa Fusa – Fondo de Población para las Naciones Unidas – Ministerio de Salud de la Nación

2 junio 2015 at 2:51 AM Deja un comentario


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