Archive for febrero, 2010

Aborto, salud y tortura

Por Mariana Carbajal

Si un embarazo fue producto de una violación y está en juego la salud psíquica de una adolescente de 15 años, ¿quién puede obstruir su derecho a acceder a un aborto no punible? El caso encuadra en los permisos previstos en el Código Penal. La niña no sólo vive el sufrimiento mental causado por el ataque sexual, denunciado en la Justicia; también, los efectos que sobre su psiquis habrá producido, seguramente, el hecho de que el perpetrador es alguien en quien ella depositaba su confianza como cuidador, dado que vivían en la misma casa como pareja de su madre desde hacía tiempo, de acuerdo con la denuncia penal. Un detalle que no es menor es que el acusado es un servidor público: es agente de la policía provincial. La adolescente, es de presumir, enfrenta el sufrimiento psicológico asociado con la pérdida de la integridad personal y la autoestima. Situaciones como una violación pueden afectar la salud de las mujeres física y mentalmente, advierte el voluminoso libro Causal Salud. Interrupción legal del embarazo, ética y derechos humanos (2008), publicado por la Federación Latinoamericana de Sociedades de Ginecología y Obstetricia (Flasog), entre otras entidades. El libro analiza en profundidad uno de los supuestos de permiso legal para el aborto consagrados en la mayoría de los países de América latina y el Caribe, entre ellos la Argentina, y es el que se refiere a la posibilidad de la interrupción del embarazo cuando la gestación pone en riesgo la salud de la mujer. La de la adolescente de Comodoro Rivadavia, sin dudas, está en peligro. El trabajo, en el que participaron destacadísimas especialistas del continente, plantea que el derecho a la salud debe ser entendido en un marco efectivo de protección de los derechos humanos de las mujeres. Es decir, “como interdependientes de los derechos a la vida, la dignidad, la autonomía, la libertad, el libre desarrollo de la personalidad, la información, la no discriminación, la igualdad, la intimidad, la privacidad, así como a estar libres de tratos crueles, inhumanos o degradantes, como ha sido caracterizada la continuación forzada de un embarazo o la falta de acceso a la interrupción legal de éste cuando la salud está en riesgo”. El libro señala también que una de las facetas que expresa una afectación de la salud, en su dimensión social, es el proyecto de vida. Es decir, “si la gestación interfiere con ese proyecto, se afectará la salud”. De la misma forma que si el embarazo “fuerza a una mujer a abandonar el sistema educativo o a reducir sus expectativas de educación”. Sería muy valioso que la jueza de Familia que tiene en sus manos por estas horas la posibilidad de gravitar en el futuro de la adolescente tome en cuenta estos argumentos.

Obligar a la jovencita a llevar a término una gestación que pide interrumpir, amparada en la ley, sería asimilable a someterla a una tortura de nueve meses. ¿El Estado está dispuesto a tomar esa decisión?

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17 febrero 2010 at 5:17 PM Deja un comentario

Malestar en la Escuela

El presidente del Consudec (Consejo Superior de Educación Católica) advirtió ayer que en el conurbano bonaerense hay unos 800.000 chicos, de 8 a 17 años, que no van a la escuela. (APe).

– Los docentes han sido ninguneados, no solo en sus salarios, sino por un sistema que no concede estratégicamente a la educación un lugar preferencial en la construcción de los próximos años. Gran parte de los maestros, los de las barriadas y la clase media en caída libre, se encontraron de pronto con los hijos de la crisis y de los quiebres familiares, de una sociedad fracturada transversalmente y dividida a cuchillo por las obras y las gracias de los predadores neoliberales de las últimas décadas. La mayoría de nuestros docentes creen que la pedagogía es una forma de la ternura, que no sólo tienen que exponer sobre el misterio de las fracciones o el diseño de los octaedros. Tienen que llamar al médico cuando los huesitos casi cortan la piel o el catarro sacude la panza o ese moretón hace pensar qué cosas terribles pasan entre las cuatro paredes de una casa. Ese maestro es imprescindible. Se convierte, con el edificio simbólico que es uno y todos a la vez, en el único referente real de un gran porcentaje de pibes. Es el docente apasionado, convencido, que siente la pizarra en el alma, que dejará huella en cada niño. Será semilla de otras pasiones. Y de otras certezas. La escuela, ese edificio simbólico que es todos -desde la privilegiada del centro hasta la escuelita rural sin luz en el medio de la nada- es la matriz de todos los porvenires. Y es el cuenco que también puede anidar en sus curvas la vulneración de derechos. El de los pibes y pibas, a quienes la educación les falla y les llega de a gotas y nunca alcanza a todos y quedan muchos en el camino. A quienes los docentes les faltan durante demasiados días al año y los niños que no saben de paritarias ni de salarios injustos, que encuentran semejante el perfeccionamiento al paro docente. Ellos no saben por qué y nadie les explica por qué y sólo les queda de vez en cuando el sabor dulzón del sueño interrumpido: El derecho que le asiste a los niños de adquirir palabras y conocimientos en el tiempo etário que le corresponde y que no son postergables. Cuando las construcciones eran coléctivas -en algún mojón de la historia lo fueron y no hay que olvidarlo- el debate acerca de por qué y cómo luchar cruzaba a la sociedad. Y se podía comprender al otro en su camino. O como decía Paulo Freire “la esperanza de que profesor y alumno podemos juntos igualmente resistir a los obstáculos que se oponen a nuestra alegría”. Reanudar ese debate es también discutir sobre la igualdad de derechos para todos. Especialmente, con la mirada apuntada hacia los más despojados. A los que se vulnera con políticas de Estado pensadas para someter y disciplinar tratando de que las escuelas sean fábricas de niños, todos colocados en fila con el numerito de su valor social puesto en la espalda y buscando encontrar la clave genética diferencial de los niños de oro de los de hojalata. Si pensamos como colectivo no abandonaremos en días clave, en horas clave. En los momentos clave de una vida que se modela en gran parte entre las paredes de ese gran edificio simbólico que es uno pero es todos. El pibe que ve alejarse a su maestro del vinculo que los une, que no lo incluye como sujeto prioritario en esa lucha necesaria, que lo deja solo cuando más lo necesita, ese pibe a veces se va. O a veces repite. O a veces encuentra vacío de contenido aquello que le pintaron como el lugar donde se apilan los ladrillos del futuro.

13 febrero 2010 at 5:12 PM Deja un comentario


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