Cuando la justicia mata (de Carlos Rozanski, Pagina12)

Cuando la Justicia mata

Por Carlos Rozanski *
El 3 de junio, decenas de miles de personas se concentraron en la plaza Congreso, en la ciudad de Buenos Aires, escena replicada en las principales ciudades del interior del país, bajo la consigna Ni una Menos. Por primera vez en la historia de nuestro país –por lo masivo–, la consigna de la convocatoria fue la violencia de género y la sostenida cifra de femicidios producidos en Argentina. En la concentración, si bien pudo observarse una inusual presencia masculina, la inmensa mayoría de las manifestantes eran mujeres. Ello resulta obvio si se tiene en cuenta que la casi totalidad de los femicidios son llevados a cabo por hombres y, a su vez, la inmensa mayoría de las agresiones de género son efectuadas por varones (88 por ciento, según la Base de Datos del Programa Las Víctimas contra las Violencias que dirige Eva Giberti). Allí se leyó un documento alusivo a la convocatoria. De los nueve puntos del petitorio que sintetiza el documento, cabe recordar –por razones de espacio–, dos. En el cuarto punto, se piden “Garantías para las víctimas de violencia. Implementación del monitoreo electrónico de los victimarios para asegurar que no violen las restricciones de acercamiento que impone la Justicia”. En el siguiente, se exigen “Garantías para el acceso de las víctimas a la Justicia”.

Hace pocos días, en Manzanares, partido de Pilar, María Belén Morán, de 23 años, fue apuñalada y degollada hasta morir, por quien habría sido su pareja. Junto a su desangrado cuerpo, en medio del barro de la zanja, una pequeña cartera contenía un oficio judicial de fecha 22 de julio, dirigido al encargado de la Comisaría 1ª de Pilar. En ese documento, el Juzgado de Familia 1 de Pilar ordena notificar a la ex pareja de María Belén que se “decretó la prohibición de acercamiento” del ahora prófugo, respecto de la víctima y su familia. Se fijó, a ese efecto, “un perímetro de restricción para circular o permanecer dentro de un radio de 500 metros a la redonda”. Asimismo, se lo “intimó” al denunciado a “cesar y/o abstenerse de la realización de todo acto de intimidación y/o perturbación sea de carácter físico, psicológico o emocional respecto de la víctima, como así también de todo tipo de amenaza ya sea verbal, telefónica, vía mensaje de texto o cualquier otro modo de comunicación para con la misma”. El apercibimiento en caso de incumplir esas restricciones fue el de “dar intervención a la Justicia penal”.

Pasado el estupor y la indignación inevitables ante la lectura del oficio, se imponen algunas reflexiones. Teniendo en cuenta las características del fenómeno de violencia de género, que no puede desconocer ninguna jueza/juez del país, notificarle a un violento que no puede circular en un radio de 500 metros a la redonda de la víctima, ni debe intimidarla ni perturbarla física, psicológica o emocionalmente, o amenazarla por cualquier vía, es ofensivo. Ofende a la desgraciada joven, hoy en la morgue judicial, ofende a las miles de mujeres que el 3 de junio dijeron basta a la violencia de género, y ofende al resto de la sociedad que se pronuncia cada día por la defensa de los derechos humanos. Decirle a un violento que si no cumple con esas restricciones, es decir, si intimida, agrede o, como sucedió, degüella a la víctima, le dará intervención a la Justicia penal, ofende al Estado argentino. A ese Estado democrático que con consenso mayoritario legisló, y seguirá haciéndolo, en busca de una sociedad mejor, con defensa irrestricta de los derechos de todos y en especial de los grupos más vulnerables.

Hoy el padrón electoral tendrá una joven menos. La zanja de barro se llevó las ilusiones y esperanzas de María Belén, junto con ese tradicional, estereotipado, inútil y en alguna medida provocador oficio mediante el cual la Justicia, a la que creyó acceder María Belén, le decía a su asesino “que se porte bien”. Esa no es la Justicia que merecemos ni la que establece nuestra legislación. Es la Justicia que mata. La otra, la de la Constitución Nacional, la de las Convenciones de Derechos Humanos, es la Justicia de la vida, es la de juezas y jueces, fiscales y defensores sensibles al dolor, a la vulnerabilidad y al riesgo de aquellos miembros de la sociedad a la que deben servir. Hoy nuestro país tiene una ciudadana menos y eso es lamentablemente irreversible. Ojalá, cuando se investigue seriamente este femicidio, la Justicia tenga algunos funcionarios menos.

* Juez federal.

1 agosto 2015 at 6:36 PM Deja un comentario

Los chicos del descarte (APE)

Claudia Rafael
APe

Las muertes de niños se cuentan como semillas de destrucción. El 16 de junio de 2015 J.P. –iniciales a las que fue reducida su existencia (en una extraña conjunción de fecha y pertenencia partidaria para un pibe de los márgenes)- cesó su paso por una vida de 17 años, en el encierro del Almafuerte. Ahorcado, como 18 días después ocurriría con M.G., a sus 16, en el Pablo Nogués, de Malvinas Argentinas. Quemado y ahogado con monóxido de carbono, como el chico que murió el 24 de julio en el Manuel Rocca, de capital, en un incendio que dejó malheridos a tres de sus compañeros (uno, por quemaduras y aspiración de monóxido; otro, por las terribles fracturas tras saltar de un paredón de más de ocho metros y el tercero, con lesiones menores).

Todo hombre en el final minuto de su invierno piensa en algo lejano cuando muere. Y la muerte es el último país que el niño inventa, escribía Tuñón. En qué habrán pensado en el instante final los pibes excedentes que están del otro lado de la reja, como decía Paco Urondo.

Hay, en toda la provincia de Buenos Aires, 635 chicos institucionalizados por conflictos con la ley penal. Que constituyen el 22 por ciento de los chicos procesados. El 78 por ciento restante cumple medidas privativas en sus propios domicilios. Del total de 635, hay un 74 por ciento (469 chicos) que están en dispositivos privativos de la libertad (institutos) y otros 166 que están en centros de contención residencial o medidas de semilibertad.

Hace escasos tres años, eran –en lugar de los 635 actuales- entre 475 y 500 (Ver La infancia excedente, en esta misma agencia). Con un incremento que viene de la mano de la respuesta securitaria tras procesos de presión mediática y social por mayor seguridad. Hay además, unos 9500 chicos bajo medidas de protección por sus derechos vulnerados: el 51 por ciento, resguardado en ámbitos de la familia y un 49 por ciento, en distintas instituciones.

Ni J.P. ni M.G. habían sido objeto de intervenciones para la promoción de derechos desde el Estado. Al menos, no hay registros informatizados de algún tipo de intervención. J.P. cumpliría 18 años en septiembre. Era de Quilmes y su historia había sido atravesada por escándalos mediáticos que funcionaron como un gran ejercicio de presión hacia las instancias judiciales de decisión. De su paso por el oscuro universo de las rejas y el encierro, quedó una carta para su papá pidiendo perdón. Quién sabe por qué cuestiones se pide perdón cuando la vida se viste de tragedia y sólo hay dolor y angustia. Alguna vez –o quizás nunca- se podrá saber qué ocurrió con J.P. durante esos instantes del final. Según publica Andaragencia, de la Comisión Provincial por la Memoria, “los jóvenes detenidos comentaron que el día anterior había tenido un altercado con un compañero y, por tal motivo, los custodios lo habían encerrado en su celda. Su familia, que lo visitaba asiduamente, fue puesta en conocimiento del hecho 6 horas después y tiene dudas sobre el suicidio. La investigación se tramita ante la UFI n° 11 de La Plata”.

De M.G., en tanto, quedó otra carta. Para su mamá. Reclamos desoídos. Vida estragada por la soledad. Un delito contra la propiedad que apenas tenía un antecedente sin gran importancia. Sus 16 años eran de enorme desamparo.

Hoy hay investigaciones penales sobre sus muertes. Estaban los dos bajo las alas represivas del Estado. Invisibilizados. Desguarnecidos. Olvidados. Con finales que no destellan gestualidades de alarma y de indignación. Por el contrario, son sus muertes el último país que les dejaron inventar, en la soledad, en la oscuridad de la desmemoria, en el frío desabrigo de quienes cargan con la mochila de constituir ejércitos de excedentes.

Sus pares del Manuel Rocca, de capital, llegaron a la muerte y a sus bordes tras un intento vano de supremacía. La libertad es real aunque no se sabe bien si pertenece al mundo de los vivos, al mundo de los muertos, al mundo de las fantasías o al mundo de la vigilia, escribió el gran Paco. El Rocca –en avenida Segurola al 1700- llegó a tener 200 pibes que hoy son alrededor de 50.

El primer episodio –que en los vericuetos de la institucionalidad nadie registró como grave- se produjo el 22 de julio. Un incendio que no pasó a mayores que dejó la toxicidad en los colchones que perdieron, además, su calidad de ignífugos. Dos días después, una nueva arremetida. Un chico murió. Otro, está hospitalizado en grave estado. Un tercero, en el medio de la confusión y del conflicto intentó huir saltando de los murallones de ese instituto ubicado en el barrio de Floresta, de unos 8 metros de altura, y tiene múltiples fracturas. El cuarto, tiene lesiones leves.

Hace poco tiempo fueron desplazados guardias de seguridad del Rocca (que tiene chicos de 16 y 17 años bajo encierro) cuyos reemplazos tenían un perfil absolutamente contrapuesto. En este contexto se produjeron los incendios y se habría permitido el ingreso al lugar de policías federales.

Hay un principio de confinamiento estructural que atraviesa a las políticas institucionalizadoras de la infancia caracterizada como sobrante. Con jóvenes que llegan a esas instancias jugados en sus vidas, con marcas profundas que se ahondan aún más en contextos en los que –como decía Agamben sobre Auschwitz- no se muere sino que se producen cadáveres. La muerte es otra cosa. Es otra instancia que constituye el momento final de la vida. Que se contrapone, justamente, con la vida.

En las instituciones de encierro se suelen producir cadáveres con una pertinacia tal que refleja la real importancia que ciertas vidas representan para el imaginario colectivo. Porque son cuerpos no llorados por la sociedad. Cuerpos que requieren y demandan una imprescindible invisibilización que se construye desde lo social, se fortalece desde los efectores de institucionalidad y se refuerza desde los medios. Aquello que no se ve, no existe. Y no se ve esa vida ni tampoco esa muerte. No hay danza de dolor y llanto por esos chicos nacidos por las vueltas del azar en otro tipo de cárceles sin cielo ni paredes, sin rejas ni mecanismos de alarma.

Chicos por los que no hay ni habrá rituales de duelo porque son muertes que no se anuncian ni se sufren. Porque, en definitiva, son el final de esas vidas absolutamente desnudas como fuerza biológica. Son el descarte. El excedente. La nuda vida depositada en esos espacios de confinamiento en donde se terminan de amasar sus cuerpos y sus mentes en absoluta soledad.

30 julio 2015 at 7:19 PM Deja un comentario

Argentina libre de Fracking

24 junio 2015 at 7:38 PM Deja un comentario

Adolescentes en riesgo: el 40% es víctima de alguna forma de bullying

Una asociación relevó las ocho conductas más comunes del hostigamiento entre pares y sus efectos; proponen incorporar una materia sobre habilidades sociales

Por Fabiola Czubaj | LA NACION

El mundo adolescente tiene su propia violencia, a la que los adultos no parecen estar prestándole atención: 4 de cada 10 chicos de entre 13 y 16 años son víctimas del bullying y sólo reclaman que les presten atención cuando piden ayuda para que termine lo que viven como un “calvario”, de acuerdo con los resultados de un relevamiento de la Asociación Ciudades Sin Bullying.

“El problema se agrava cuando docentes y familias minimizan las actitudes de acoso por parte de los pares y cuando desde el Estado no hay una política pública específica y sostenida”, aseguran desde el equipo de investigación que lideró Guillermina Rizzo, doctora en psicología y titular de la asociación.

Coacción, hostigamiento, intimidación, amenazas, agresiones y bloqueo, exclusión y manipulación social son las principales formas que adopta el hostigamiento entre los adolescentes. En todos los casos, cuando el mundo adulto no interviene a tiempo, los daños emocionales y psicológicos de las víctimas se traducen en un problema de salud pública.

Ansiedad, estrés postraumático, baja autoestima, distimia, recuerdos y sensaciones negativos que vuelven una y otra vez, y hasta malestar físico o enfermedades son algunas de las consecuencias del acoso y de la violencia escolar.

De acuerdo con la experiencia de la asociación en distintos puntos del país, esto no se resuelve con un día de reflexión en el aula, sino con la “urgente” incorporación de una materia escolar sobre convivencia y habilidades sociales.

Aunque en el estudio participaron 1700 estudiantes secundarios de colegios de la provincia de Buenos Aires, los datos coinciden con estudios previos en otros sitios del país. “Pudimos corroborar lo que recogemos en las distintas ciudades durante los talleres sobre bullying con los chicos y los adultos. Era la percepción que teníamos”, comentó Rizzo, que empezó a estudiar esta realidad adolescente con la masacre escolar de Carmen de Patagones de 2004 y en la que un alumno disparó un arma de fuego contra sus compañeros en el aula del Instituto Nº 202 Islas Malvinas.

Allí murieron tres chicos y cinco quedaron heridos. Cuando la jueza le preguntó al adolescente de 15 años por qué estaba enojado con sus compañeros, le respondió: “Me molestan… Siempre me molestaron, desde el jardín… Desde el séptimo que pensaba hacer algo así”.

-¿Y cómo es que te molestan?

-Y… me cargan. Dicen que soy raro. Me joden porque tengo este grano en la nariz…

Este diálogo con la jueza Alicia Ramallo aparece en Juniors. La historia silenciada del autor de la primera masacre escolar de Latinoamérica, de los periodistas Miguel Braillard y Pablo Morosi. En el relevamiento de Ciudades Sin Bullying, el 39,3% de los estudiantes dijo ser víctima, justamente, de la ridiculización, las burlas, el desprecio, los apodos o las imitaciones que faltan el respeto. Esto define el hostigamiento, una de las ocho conductas del bullying.

Otra es la intimidación y el 30,6%, sobre todo mujeres, dijo padecerla a través de persecuciones, amedrentamiento o acoso a la salida de la escuela. Un 22,5% mencionó específicamente las amenazas y un 44%, la coacción para hacer algo en contra de su voluntad, que prefería no comentar por temor y vergüenza.

Un 40% convivía con el bloqueo social: sus compañeros no lo dejaban jugar en grupo ni hablar o relacionarse con otros hasta hacerlo llorar frente a los demás. El 34,2% padecía la exclusión total del grupo y un 25,6% sufría la manipulación social a través de acciones que inducían el rechazo en el grupo. Un 26% fue centro de agresiones.

En todos los casos, los victimarios cuentan con “espectadores” que presencian, festejen o no el acoso, o graban todo con el celular para subirlo a las redes sociales.
En primera persona

En la investigación aparece una historia, la de Cintia, que contó, como el resto, su experiencia.

Día 1, en el aula, durante la clase de química:

-Profe, los chicos me dicen gorda.

-Volvé a tu silla y no molestes más.

Día 2, en el aula:

-Profe, los chicos me dicen bola de grasa.

-¡Ayyy, Cintia! A ver si te dejás de quejar. Y ustedes [dirigiéndose a la clase], por qué no resuelven la fórmula.

Día 3, durante el recreo:

-Profe, no puedo ir al baño. Me amenazan con encerrarme.

-No puedo atenderte, voy a la sala de profesores. Luego hablamos.

Día 4. Cintia entra al aula del recreo con un golpe en la cabeza y, ante la pregunta, dice: “Profe, me habían avisado por el grupo de WhatsApp que me iban a pegar…”.

Durante el estudio, que incluyó una encuesta de 50 preguntas para conocer la frecuencia del hostigamiento y la detección de daños psicológicos a través de 44 afirmaciones, los adolescentes expresaron un reclamo común: que un adulto intervenga. “Siempre piden que termine el hostigamiento, que viven como un verdadero calvario”, dijo Rizzo. De hecho, un 32% de las víctimas de bullying sufría de flashbacks o “invasión de imágenes, sensaciones o recuerdos no deseados” con los que reviven el acoso durante el día o mientras duermen.

El 30,7% padecía ansiedad, el 27,5% reunía los síntomas del estrés postraumático, el 25,5% tenía signos de depresión, el 29% sufría de síntomas físicos (dolores de panza u otros malestares), el 23% tenía una imagen negativa de sí mismo y casi un 30% expresaba autodesprecio u odio hacia sí mismo, un indicador de riesgo de suicidio. “Nuestros resultados coinciden con la Organización Mundial de la Salud cuando habla de que el bullying es una epidemia del siglo XXI porque no respeta fronteras ni clases sociales”, dijo Rizzo.

Liliana Caro, profesora de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la UCA, leyó la encuesta a pedido de LA NACION: “Es interesante e invita a generar estrategias para abordar el bullying dentro y fuera de las escuelas”. Recomendó que los padres estén atentos a cambios “significativos” en sus hijos (el humor, las ganas de ir a la escuela, los malestares físicos, los hábitos alimentarios o la aparición de miedos recurrentes, entre otros). “Ninguno es un indicador de bullying en sí y pueden tener otros motivos, en particular en los adolescentes -dijo Caro-. En todo caso, es necesario generar un espacio de diálogo, no un interrogatorio, para dilucidar qué está pasando.”

En la escuela, sugirió generar espacios sobre estos temas. “Muchas lo hacen bajo el concepto de convivencia -dijo-. Los objetivos apuntan a trabajar situaciones de maltrato, aprender a ponerse en el lugar del otro, aprender a escuchar al otro. Todas conductas altamente deseables, pero no fáciles de sostener. Hay que hablar de los problemas, no de las personas, para no reproducir situaciones de acoso.”

Para el psicólogo Javier Díaz, docente y supervisor de la Institución Fernando Ulloa, el relevamiento es “un estudio importante y descriptivo que nos muestra y denuncia un síntoma social, presente desde siempre en la humanidad, pero que actualmente cobra una importancia relevante y demanda resolución”.

Y comentó: “A diario, en las consultas, vemos que los adolescentes demandan ayuda para construir y edificar cimientos que fallan desde los padres, que se posicionan desde un igual de amistad; desde las instituciones, que se muestran más permisivas, y desde una sociedad de consumo que alimenta y tapona la angustia con goces descartables que distraen, desorientan y adormecen el deseo de crecimiento”.
Un problema pendiente

Las ocho conductas a través de las que se manterializa el bullying tienen características que hay que saber reconocer

1 Hostigamiento: 39,3%.

Se manifiesta mediante el desprecio y la falta de respeto por la dignidad del adolescente. Incluye la ridiculización, la burla, el menosprecio, los apodos, la crueldad, el uso de gestos de desprecio y la imitación burlesca

2 Intimidación: 30,6%

Es más común con las mujeres.Las víctimas sufren persecución, amedrentamiento, hostigamiento físico o acoso a la salida de la escuela, que las “consumen emocionalmente”

3 Amenazas: 22,5%

La extorsión es el instrumento más utilizado en esta conducta orientada a atemorizar y hasta poner en riesgo la integridad física del chico o de su familia

4 Coacción: 44%

Se busca que la víctima actúe contra su voluntad, pero sobre todo se persigue poder social en el entorno. Las víctimas pueden sufrir hasta vejaciones, que callan por miedo o vergüenza

5 Bloqueo Social: 40%

Esta forma de acoso aísla al adolescente. Prohibirle jugar en grupo y hablar con otros o exigir que nadie se relacione con él son indicadores de un intento de quebrar la red social de apoyo del adolescente. A veces, se lo hace llorar ante sus pares para presentarlo como alguien débil, indefenso o estúpido

6 Exclusión social: 34,2%

El objetivo es aislar al adolescente de toda actividad. “Vos no” es la expresión común para segregarlo socialmente. Al “ningunearlo”, tratarlo como si no existiera e impedir que se exprese o participe en juegos, se produce el vacío en su entorno

7 Manipulación social: 25,6%

Esta conducta apunta a distorsionar la imagen social de la víctima y poner al resto en contra a través de comentarios negativos y distorsionados. Se “cargan las tintas” sobre lo que hace o dice, o hasta lo que no ha dicho ni hecho. Todo sirve para inducir el rechazo de otros, que se suman involuntariamente al “jefe” del acoso

8 Agresiones: 26,1%

Son los ataques físicos o psicológicos más directos y exigen la intervención más urgente para proteger a la víctima. Incluyen el robo o la destrucción de las pertenencias, gritos, insultos o burlas.

24 junio 2015 at 7:07 PM Deja un comentario

No fue amor (publicado en Agencia de Noticias Pelota de Trapo)

Silvana Melo

(APe).- Ese amor no fue amor. ¿Y qué hacer con ese brote inesperado que empezó a crecer en la panza? ¿Qué hacer con esa intrusión mínima en su cuerpo pequeño, aún no definitivo, en sus caderas a las que les falta ancharse, en los huesitos de su pelvis que todavía no se han bebido todo el calcio imprescindible para la fortaleza? ¿Qué hacer si fue fruto de la vulneración violenta de su cuerpo, del despertar al quiebre del cristalito de su niñez? ¿Qué hacer si ese amor no fue amor, sino una cercanía de paso para contrarrestar tanta soledad? ¿Qué hacer si fue sólo corazonada, impulso, la necesidad de ser abrazada? Un cerrar los ojos buscando quién sabe qué abrigo en otro cuerpo simple, otro, que se desabrazará al final y se irá como vino, sin conciencia de la siembra. Y sin pisar siquiera los talones del futuro, que siempre está tan pero tan adelante que nadie lo ve.

En un cálculo descafeinado, el diario sintetiza cifras del Ministerio de Salud de la Nación: cada 5 minutos una chica menor de 20 años es mamá. O bien, cada cinco minutos nace un bebé de un vientre menor de 20 años. Son unos 321 por día, 117.386 al año. Un 15% del total de los nacimientos del país.

Ese amor pocas veces es amor. Tantas veces es la conquista sangrienta de un cuerpo leve, familiar, cercano. El abuso intrafamiliar es un infierno de frecuencia feroz.

Demasiadas veces el monstruo está muy cerca, miente que protege y convence al resto de su benevolencia. 3.261 de los bebés nacen paridos por nenas de entre 10 y 14 años. Nueve chiquitas que se vuelven madres y no están preparadas física ni emocionalmente para serlo. Y el abuso suma un elemento corrosivo para el vínculo de esa niña con su niño. Que parecerá un juguete de seis de enero. Pero es una vida de intensa fragilidad, que en algún pliegue trae la esperanza. Aunque tantas veces se pierda entre mocos y pañales, sin verla se pierde en la basura, sin verla se cae en la vereda, una madrugada helada esperando turno en el hospital.

Se pone las manos en el costado, avanzando hacia el ombligo. La ausencia menstrual y esa inflamación la inquietan. Sabe que ese amor no fue amor. Que sólo busca no estar sola, que a los chicos no les gustan los preservativos, que él estaba aturdido y ella también, que no tiene pastillas ni le dan, que las pierde o se las olvida, que tiene miedo de decir que no y que la abandonen, que tiene miedo de la violencia, de cuando le bajan la persiana de la ternura y asoman los monstruos, que son esos mismos de cara amable y de amor falluto, que le viene el miedo. Que a veces hay cerveza (su consumo se triplicó entre las chicas) y hay faso y la cabeza se nubla. Y tiene miedo.

La profunda desigualdad es clave para que tantas nenas se transformen, de pronto, en responsables de la factura de otro niño del que apenas la separan once, doce, catorce años. Dos niñeces en desamparo y que, en el mejor de los casos, buscarán cuidarse entre sí y no despeñarse por el mismo abismo. Si el azar la depositó en el norte y no en la CABA, si tuvo que nacer en Orán y no en Banfield, su vida será otra. Será más pobre, más alejada de los centros de salud, más víctima de un estado retrógrado y abandonador, más desigual que los varones, más sola, más deshabitada.

Según donde haya nacido, azarosamente, en su hospital se tirarán los preservativos porque se vencen, se le negará la anticoncepción de emergencia, no se la descubrirá nena, semiadolescente, sin rumbo, embarazada o todavía no, no se la cuidará ni se la prevendrá de lo no querido, no se la educará para que pueda elegir, no se la informará de que su cuerpo es suyo, de que nadie más que ella tiene derecho sobre él, de que es dueña de decidir si quiere ser madre o no.

Según dónde haya nacido podrá acceder a la buena salud, a la anticoncepción, a la pastilla del día después, a decir que no, a pagar un aborto clandestino, aséptico y seguro, a una terapia para superarlo.

Algunas cifras de la desigualdad:

-En Misiones hubo 282 embarazos en chicas menores de 14 años, durante 2014. Muchos, dice el Ministerio de Salud provincial, fueron por abusos intrafamiliares.

-Los embarazos adolescentes son un 70% más numerosos en Misiones que en la Ciudad de Buenos Aires.

-En Neuquén el 60 % de los adolescentes dejan el secundario. La mayoría de las chicas lo hacen por maternidad.

-El 11% de las adolescentes de 16 a 17 años que son madres ya tenían otro hijo antes.

-Más de un 25% de madres adolescentes se embarazó por segunda vez dentro del primer año de haber tenido su primer hijo.

-De las adolescentes que estaban estudiando al momento de quedar embarazadas sólo 4 de cada 10 continuaron en la escuela hasta el séptimo mes.

-El 20% de madres adolescentes pensó interrumpir su embarazo cuando lo supo por primera vez.

-El 69% de madres adolescentes no planearon tener un hijo.

-El 65,5% no utilizaba un método anticonceptivo.

-En 2011 se registraron 533 egresos hospitalarios de niñas de entre 10 y 14 años internadas por complicaciones de abortos.

-Entre las madres menores de 15 años la mortalidad infantil se duplica.

Cuando se mira la panza sabe que ella no lo deseaba. Pero le falta la conciencia de que ese hijo que se le plantó en el vientre le condicionará el resto de su vida. Que probablemente ande sin padre. O con poco.

A veces siente que vendrá a acompañarla y que se cuidarán entre los dos. Tan niños. Ella le cambiará los pañales y él le enjugará los mocos.

Tantas veces ella deseará que él no hubiera estado nunca. Y otras tantas lo pondrá ante el mundo como soberbia prueba de su rebeldía.

El será una chispa transformadora. Aunque se apague en los primeros pasos.

Fuentes: Unicef – Casa Fusa – Fondo de Población para las Naciones Unidas – Ministerio de Salud de la Nación

2 junio 2015 at 2:51 AM Deja un comentario

Adrogue, miércoles 20/05, 17hs; Festival en el profesorado I.S.F.D. n°41 por condiciones edilicias

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Festival político cultural en la puerta de la escuela nacional de Adrogué para denunciar el estado de abandono del edificio

Vocero: Jonatan Bogarín (presidente del Centro de Estudiantes del 41) 11 6 161 1564

Lo/as estudiantes del ISFD N° 41 Alte. Brown decimos BASTA al desfinanciamiento de la educación pública en la Provincia de Buenos Aires, consigna que venimos desarrollando hace más de 4 años a la vez que exigimos la declaración de la emergencia edilicia en todo el distrito.

El detonante fue el accidente que sufrió nuestra compañera de la carrera de Filosofía, a quien se le cayó una madera en la cabeza. Esa madera sostenía una ventana para que permanezca abierta. Nos negamos a naturalizar este tipo de cosas, se suman más ejemplos a la lista: cables eléctricos colgando y a punto de cortarse, filtraciones de agua de los baños a las aulas linderas, ausencia de matafuegos y carteles que anuncien salida de emergencia, mobiliario viejo y destruido.

Este festival forma parte de un plan de lucha progresivo, que iniciamos con una huelga activa en el instituto, cursando en los pasillos donde nos sentimos más seguros que en las aulas. Continuamos con una clase pública en la puerta este lunes 18/05, luego con el festival y culminamos en una movilización el jueves de esta semana, donde exigiremos al Consejo Escolar y al Municipio de Alte. Brown que destinen el dinero del Fondo Educativo al arreglo del Instituto, a la vez que denunciamos al gobierno de la Provincia de Buenos Aires por no establecer mecanismos de control de ese fondo, y al gobierno Nacional por la política sostenida de ajuste en la educación pública.

Además repudiamos los dichos del presidente del Consejo Escolar de Almirante Brown, Leonardo Herrera, quien en un medio zonal declaró que el edificio del ex Nacional no está en estado de emergencia, rechazando nuestro pedido y negando la realidad de que tenemos a una compañera accidentada por la desidia y la mala administración municipal.

Este miércoles 20 de mayo habrá murgas, muestras culturales, bandas y una radio abierta. Contaremos con la presencia de La Combination y Bruno Arias, cantautor de la música popular argentina, ambos con un fuerte compromiso con la educación.

¿Tenemos que esperar que pase algo PEOR para que nos den soluciones? Exigimos refacciones integrales para el ex Nacional de Adrogué e inmediata construcción del edificio propio para el ISFD N° 41

20 mayo 2015 at 6:56 PM Deja un comentario

Madres antes de los 15 años (Publicado en Pagina12 de hoy)

UN ESTUDIO RELEVA EL PERFIL DE LA MATERNIDAD PRECOZ EN ARGENTINA

Cada tres horas, una chica de entre 10 y 14 años se convierte en madre. Cada año, 3000 niñas paren antes de cumplir los 15. Los padres de esos chicos son mayores que las niñas. Una investigación analiza sus perfiles y las diferencias con la maternidad a otras edades.

Por Mariana Carbajal

Cada tres horas, una niña de entre 10 y 14 años se convierte en madre en la Argentina. Al año, serán alrededor de 3000 las chicas que den a luz antes de cumplir los 15. La tasa más alta de madres-niñas se concentra en el noreste del país: Formosa encabeza el ranking con 6,1 nacimientos anuales por cada 1000 chicas. Sin embargo, en números absolutos las madres niñas son más numerosas en el conurbano: en 2012 allí hubo 429 nacimientos con madres menores de 15 años. Los datos surgen de un estudio que se presentará hoy en una actividad científica organizada por la Sociedad Argentina de Pediatría, y que realiza una radiografía de la maternidad temprana: quienes son esas madres, qué riesgos corren ellas y sus hijos, en qué se parecen o se diferencian de las madres de mayor edad.

La investigación advierte que las relaciones sexuales que dieron lugar al embarazo fueron, generalmente, con varones más grandes: en no pocos casos se trata de adultos, en contextos de abuso sexual. Cuatro de cada 100 niñas tendrán su segundo y hasta su tercer hijo antes de festejar el cumpleaños de 15. “Aunque las relaciones sexuales hayan sido consentidas se dieron sin protección anticonceptiva o contra las infecciones de transmisión sexual”, advirtió a Página/12 Edith Pantelides, investigadora del Cenep (Centro de Estudios de Población) y coautora del relevamiento.

Aunque de los 700 mil nacimientos que anualmente ocurren en la Argentina solo un pequeño porcentaje tiene madres menores de 15 años, el que sean alrededor de 3000 cada año “inquieta desde una perspectiva de salud y de desarrollo personal, ya que estas madres son aún niñas”, apuntó Pantelides.

–¿Cómo las encuentra un embarazo a esa edad?

–Las encuentra inmaduras física y psicológicamente. Si el embarazo fue resultado de relaciones sexuales forzadas, puede tener consecuencias psicológicas negativas a largo plazo. Entre los hijos de madres menores de 15 años es donde se encuentran los mayores porcentajes de nacimientos pre-término y con bajo o muy bajo peso al nacer. Y las tasas de mortalidad fetal y mortalidad infantil son significativamente más altas que las de madres de otras edades. También es más alta entre ellas la mortalidad materna.

Las investigadoras encontraron aspectos comunes entre las madres-niñas: casi la mitad cohabita con su pareja; de las que tienen 13 o 14 años, que deberían haber completado la escolaridad primaria, un tercio no lo ha hecho; 6 de cada 10 no tiene cobertura de salud. El estudio revela que las madres-niñas son más numerosas en la región pampeana y el noreste del país, donde en 2012 se registraron 874 y 800 alumbramientos. En el noreste, esas cifras significan que hay 4,3 nacimientos con madres niñas cada 1000 chicas de 10 a 14 años. En el ranking de provincias con tasas más altas de madres-niñas, a Formosa le sigue Chaco, con 4,9 casos cada 1000. La ciudad de Buenos Aires tiene la tasa más baja, con 0,4 cada 1000 nenas menores de 15 años.

En los últimos 7 años, un total de 21.115 nenas de entre 10 y 14 años se convirtieron en madres, de acuerdo con las estadísticas del Ministerio de Salud de la Nación, que recoge el estudio: 2756 en 2006; 2833 en 2007; 2920 en 2008; 3341 en 2009; 3107 en 2010; 3146 en 2011; 3012 en 2012. Pantelides presentará hoy un informe con los principales hallazgos de la investigación en la Jornada Indicadores de Salud en Adolescencia, que tendrá lugar en el Centro de Docencia y Capacitación Pediátrica Dr. Carlos A. Gianantonio. El estudio, en el que participaron también María de las Mercedes Fernández y Elida Marconi, fue financiado por el Fondo de Población de Naciones Unidas.

El relevamiento encontró que, comparadas con las demás madres adolescentes –las de 15 a 19 años– y con las madres adultas –de 20 años o más–, las que tienen entre 10 y 14 años están más vulnerables: viven con parejas de menor nivel de instrucción y menor cobertura de salud; tienen ellas mismas menor cobertura de salud; sus embarazos terminan con mayor frecuencia en muerte fetal. Además registran un mayor porcentaje de nacimientos pretérmino (antes de las 27 semanas de gestación) y con bajo peso al nacer (menos de 2500 gramos). La investigación estableció que sus hijos mueren con mayor frecuencia antes de cumplir el año de vida. Para las investigadoras, “una educación integral de la sexualidad que incluya los derechos que asisten a las jóvenes y que brinde información anticonceptiva, y el acceso sin restricciones a servicios de salud sexual y reproductiva de calidad, podrían tener efectos preventivos”.

“Los programas y las políticas deberían estar dirigidos a evitar que los embarazos a tan temprana edad ocurran, pero una vez que ocurren es necesaria una atención especial durante los controles prenatales y el parto para evitar las consecuencias negativas sobre las madres y sus hijos”, consideró Pantelides. En los casos de embarazos forzados, estas niñas podrían pedir un aborto no punible, porque están amparadas en el artículo 86 del Código Penal.

15 mayo 2015 at 6:23 PM Deja un comentario

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